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Itinerario
Tras rodear Bullas por el camino de Los Mulatos
bajamos nuevamente al cruce de la carretera de Caravaca, aunque
nosotros continuamos recto en dirección a El Chaparral. Al
poco tiempo, justo al llegar al antiguo apeadero, doblamos a la
izquierda, recuperando así el antiguo trazado de la vía.
El paisaje entre pinares nos permite ir relajados, advirtiendo pronto
que estamos cruzando junto al Alto del Carrascalejo, donde son populares
los vinos así denominados. Si nos fijamos en los varios puentes
sobre la vía, bajo los cuales pasamos, podemos observar aún
los restos de las humaredas que desprendían las chimeneas
de las locomotoras, con el color negro del hollín. Tras bajar
unos kilómetros en dirección a Cehegín pasamos
junto a los restos del Poblado de Begastri, a la derecha en un elevado
montículo; este asentamiento romano y visigodo junto al río
Quípar dio origen a la actual ciudad de Cehegín. Más
adelante cruzamos la carretera de Caravaca y entramos, junto a la
estación, al pueblo por su parte alta, bajo las paredes y
contrafuertes, a la izquierda, de la Peña Rubia. En estas
rocas se han hallado restos funerarios del neolítico, con
elementos arqueológicos y pinturas rupestres en algunas cuevas.
La estación ha sido inteligentemente rehabilitada para su
uso público, conservando las imprescindibles moreras que
forman guardia a ambos lados como vestigio inalterable de que el
tiempo pasa. El muelle ha sido recientemente restaurado por la Escuela
Taller, dando servicio a los visitantes.
Dejamos este bello pueblo para dirigirnos a nuestro destino. Pasamos
el último de los túneles de la vía, del que
dicen que fue utilizado para el cultivo de champiñones. Cruzamos
el río Argos sobre un majestuoso puente por la vega y tomamos
nuestro camino en paralelo a la carretera, junto a la alameda que
ha sido varias veces amenazada para mejorar el tránsito del
endiosado vehículo a motor (recordamos las campañas
en defensa de esta arboleda de los años ochenta). Estamos
a tres kilómetros del destino, que es la estación
de Caravaca; esta estación era de gran belleza y una de las
más completas del sureste.

Además de los edificios habituales que hemos encontrado en
todas las estaciones visitadas (estación, retretes, muelles
cubiertos, muelles al aire libre
) podemos distinguir los "cocherones",
donde se metían las máquinas para repararlas, apreciando
cómo sobre su suelo quedan restos de los raíles y
los fosos para trabajar bajo las máquinas. Un edificio singular
es la torre que se encuentra al final de la estación, en
dirección a la montaña. Es una torre construida con
una base en forma de 8 que era utilizada para depurar y elevar el
agua para las máquinas (el agua proviene de "Las Fuentes
del Marqués", a través del caño que vemos
junto al depósito que hay tras el edificio; debido a la solidez
de su construcción está prácticamente intacta.
A su amparo ha construido Ginés "el de la Torre"
un pequeño gallinero y cultiva como puede sus hortalizas,
jalonadas por los restos de la escoria de los fogones de las máquinas,
que han resistido el paso del tiempo.Entre esta torre y el "cocherón"
podemos apreciar, enterrada, la plataforma móvil que permitía
el cambio de sentido de las máquinas al llegar a esta estación
término. Si nos recostamos a la sombra de las pocas moreras
que aún quedan podemos imaginarnos este impresionante lugar
lleno de vida, cuando la estación estaba en pleno funcionamiento,
con los ruidos de las máquinas, el jaleo de los viajeros
y de los chiquillos pululando entre raíles y raíles.
Esto podría volver a ser parecido si todo este equipamiento
se recuperara para el turismo rural o como hospedería de
peregrinos; volvería a cobrar la vida que un día tuvo.
Y la ciudad monumental nos guía y nos espera para disfrutarla
y conocerla.
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