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Tras dejar a su derecha la población
de Jumilla, y una vez sobrepasado un gran silo, la Vereda Real abandona
la carretera asfaltada, internándose entre pastizales por
camino de tierra y con la sierra del Buey muy próxima. Junto
a ésta, podemos observar un montículo coronado por
dos grandes y simétricos bloques rocosos, conocidos como
Los Hermanillos, que adornan el paisaje con su peculiar fisonomía.
Las numerosas encrucijadas hacen que sea fácil equivocar
el camino en este tramo.
La vía pecuaria atraviesa el paraje de Los Arenales, conformado
por viñedos. Al frente observamos la mole de la sierra de
El Carche, declarada Parque Regional y propuesta como Lugar de Interés
Comunitario de la Región de Murcia, y bajo ésta, en
primer plano, el Cabezo de la Rosa, donde hay una explotación
salinera. Más adelante, se le une por su derecha el camino
que enlaza con la ruta de Santa Ana, por donde podremos acceder
a la sierra del mismo nombre.

La Vereda Real se va aproximando a la carretera
Jumilla-Murcia, estando señalizada en su confluencia. Cruza
la carretera y continúa paralela a ella, por las estribaciones
de la sierra de Sopalmo. Inmediatamente aparece la pequeña
casa de El Portajo, cercana a la carretera. Donde hoy se levanta
esta tosca construcción, fue en su día el lugar en
que comerciantes y carreteros debían pagar un peaje o portazgo
por entrar o salir de Jumilla.
La casa del Portajo también tuvo relación con el paso
del ganado trashumante. En su parte trasera, lindante con la Vereda,
hacían majada los pastores trashumantes: allí pasaban
noche rebaños de ovejas y manadas de toros bravos, procedentes
de lugares tan dispares como Cuenca, Albarracín, Santiago
de La Espada o Andújar. Frente a ella, al otro lado de la
carretera, destacan los hornos encalados de las Yeseras del Puerto.
En ellos se cocían grandes bloques de yeso, que posteriormente
eran triturados en eras, similares a las de trillar, por un rulo
de piedra tirado por una mula. Estas yeseras dejaron de funcionar
a principios de los años sesenta.

Serpenteando entre la carretera y las grandes
paredes de la sierra de Sopalmo, la Vereda Real pasa junto a la
Venta de La Pulga, antigua posada. Algunos trashumantes, entre ellos
los gañanes que conducían las reses bravas que habrían
de ser lidiadas en la plaza de toros de Murcia, se alojaban en esta
venta, disfrutando del raro privilegio de dormir en una buena cama
y bajo techado. El ganado pasaba la noche recogido en un corral.
Desde aquí, la Vereda asciende hacia las Casas del Puerto,
y más adelante deja a su izquierda la vieja casa forestal
de El Ventorrillo. Al otro lado de la carretera, en tierras llanas
pertenecientes al pago de Las Encebras, aparecen dos caseríos:
las casas de Los Aljibes y las casas de Pacheco, donde hay en la
actualidad unas bodegas en las que se puede adquirir vino. Desde
estas bodegas podemos iniciar una interesante excursión que
nos internará por la apartada sierra de Los Ruices.
La Vereda cruza la carretera nuevamente, encontrándose señalizada.
A partir de aquí se separa paulatinamente de ella, aproximándose
hacia el Estrecho de Marín, en la serranía que queda
a su izquierda, junto a la que continuará unos kilómetros.
A pesar de transcurrir relativamente cercana a la carretera, transitando
por este tramo nos invade la sensación de encontrarnos en
un lejano y aislado lugar. Verdes pastizales se extienden a ambos
lados del camino.

En un cruce de caminos, donde la vía
pecuaria se halla señalizada, se incorpora a ella la GR7
durante unos cientos de metros, pudiendo distinguir las inconfundibles
franjas blanca y roja que marcan este tipo de senderos. Esta Gran
Ruta trazada para senderistas, que atraviesa toda Europa, procede
de la pedanía jumillana de Torre de Rico (en el límite
con Alicante), y se dirige hacia tierras de Cieza, Calasparra y
Moratalla. La Vereda deja a su izquierda una gran casa, vieja y
señorial; la casa del Alto, que en su día fue villa
romana. Situada en un lugar privilegiado, desde ella se contemplan
excelentes vistas de la extensa y verde planicie de El Boquerón,
con las grandes murallas formadas por el macizo de la sierra de
La Pila y su frondosa umbría como telón de fondo.
En el pago de Román, la Vereda Real se encuentra con la rambla
de La Raja, continuando por su lecho con el nombre oficial en los
mapas de Cañada de la Rambla de La Raja. Sus límites
vienen recogidos de forma precisa en el Proyecto de Clasificación
de Vías Pecuarias del Municipio de Jumilla, del siguiente
modo: La anchura real de cada tramo, queda perfectamente determinada
por las márgenes de la Rambla erosionadas por el arrastre
de las corrientes de agua, que son, en definitiva los verdaderos
límites de la vía pecuaria.
La Vereda toma dirección este. A unos cientos de metros de
su entronque con la rambla de La Raja, encontramos una antigua obra
civil de origen romano, la presa de Arriba, donde se halla el abrevadero
del Pilón o La Canaleja. Coronando un altozano próximo
al abrevadero, se erige la Casa del Gato, en cuyo corral se encierra
ganado. Más adelante del abrevadero, la rambla de La Raja
confluye con el barranco del Infierno. A partir de aquí,
en su lecho comienzan a aparecer con profusión extensos y
tupidos carrizales y tarayales, dificultando en gran medida su tránsito.
Prosigue constreñida por el propio cauce de la rambla, entre
las elevaciones de terrenos que quedan en ambos lados.

A su izquierda deja campos de frutales, los
cerros que forman la Solana del Tesoro (donde se encuentran varios
yacimientos arqueológicos), y la vaguada conocida como la
Puerta de Jaime, paso natural hacia Jumilla, y que debe su nombre
al legendario bandolero Jaime Alfonso El Barbudo, que a principios
del siglo XIX fue dueño y señor de esta tierra de
forajidos. A su derecha se extienden las llanuras de El Boquerón
y el paraje denominado Lomas de las Contiendas.
La Vereda Real abandona la rambla de La Raja, en las tierras calmas
pertenecientes al pago de La Raja, siguiendo por el llamado Cordel
de la Rambla a la Fuente de la Higuera, que converge por su derecha.
Reducido a un estrecho y pedregoso camino, asciende hacia la Loma
del Águila, en línea recta. Deja a la derecha las
Casas de Ezequiel (que se dice servían de refugio al Barbudo),
y continúa hasta su confluencia con la carretera que une
El Boquerón con La Zarza, donde se encuentra señalizada.
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