Itinerario:

Partimos de la Plaza de la Constitución de Archena y nos dirigimos por la carretera que nos lleva a los Baños. Hay algo menos de dos kilómetros, pasando antes por un cruce que indica la dirección hacia la residencia militar. Pronto aparecerá el río Segura, engalanado entre palmeras. El agua corre mansa y los patos se dejan ver en su ribera. Al llegar a los Baños entramos por la calle principal, atravesando el conjunto de instalaciones termales. El paraje ha sido habitado por varios pueblos a lo largo de la historia y tiene una gran fama por las cualidades de sus aguas. En este lugar está el santuario de la Virgen de la Salud, patrona de Archena y es de estilo neorrománico.

Cruzando los Baños, vamos en dirección a la piscina termal y, junto a la orilla del río, un camino de tierra nos saca del recinto. Al poco, en una primera curva del camino, dejamos éste para seguir recto hacia una gran explanada bajo unos grandes eucaliptos. A continuación una senda entre cañaverales nos lleva junto a un huerto de limoneros y una acequia que seguimos por su orilla izquierda.

Un camino de tierra, que pasa junto a un vertedero inoportuno, nos lleva de nuevo a la carretera asfaltada que va de Archena a Villanueva del Río Segura, frente al cementerio de esta última localidad.

Hemos de retroceder unos 400 metros por la carretera como si regresáramos a Archena; en el primer cruce asfaltado a la derecha tomamos la dirección que rodea la montaña del Cobi por el Sur. Entre huertos nos dirigimos frente al Cajal y, en un cruce de carreteras, giramos a la derecha. Al rato dejamos el asfalto para ir recto por un camino de tierra y, tras pasar junto a dos palmeras, bajamos hacia la rambla del Mayés. No cogemos ningún camino lateral y seguimos por la rambla hasta la carretera, la cual cruzamos con precaución, ya que la visibilidad es limitada.

Al cruzar la carretera un camino nos baja de frente entre huertos y giramos a la izquierda, una senda nos lleva hasta Villanueva. Pasamos frente a la iglesia y el Centro Cultural Infanta Cristina; en la esquina izquierda de éste, un callejón nos asoma y nos baja hasta el puente que conduce a Ulea.

Villanueva está enclavada sobre un cerro amesetado sobre el río Segura y es una tierra fértil, orgullo de sus trabajadores. Sus cítricos y albaricoques son muy preciados por las diversas variedades que tienen. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII, es de estilo neoclásico, conservando tallas del siglo XVI.

Al cruzar el puente sobre el río, y frente a la población de Ulea, cogemos a la izquierda la mota del río que nos lleva hasta un azud; giramos a la derecha por una carretera asfaltada que entra en Ulea, dominada por los muros calcáreos de la Pila de la Reina Mora.

Nos dirigimos a la iglesia de San Bartolomé y, por unas escaleras que pasan por la Casa del Cura, salimos al camino de Arriba hacia Ojós.

Resulta curioso comprobar cómo Ulea se asienta al pie del cerro del Castillo, sin quitarle ni un palmo de tierra a la huerta. Poblada en otros tiempos por iberos, romanos y árabes, la sierra conserva restos arqueológicos, como la Pila de la Reina Mora y murallas de la Alcazaba. En el templete de la zona del Henchidor se baña el día 3 de mayo de cada año la Santa Cruz.

Rodeando la sierra de Ulea nos encaminamos por la carretera asfaltada hacia Ojós, siguiendo por el margen izquierdo del río Segura. Pasamos junto a una noria abandonada y, frente a nosotros, en el otro margen del río, hay un túnel que atraviesa una formación rocosa llamada El Salto de la Novia, donde la cultura popular ha elevado a leyenda las desgracias de amores imposibles entre pueblos rivales: árabes y cristianos.

Seguimos la carretera pasando un cruce a la derecha del camino que utilizamos en la ruta 16 y, ya sin pérdida, llegamos a Ojós, entrando por su puente colgante.

Llamado antiguamente «Oxox» (del árabe “los huertos”) está en un enclave privilegiado, junto al río y protegido por las imponentes paredes del Chinte. Los moriscos de este valle fueron expulsados en el siglo XVII, siendo de los últimos que abandonaron España. Pasead por sus estrechas calles, contemplad sus escudos nobiliarios (huella de su pasado señorial) y no dejad de visitar el lavadero público. No podemos partir sin probar sus bizcochos borrachos que se hacen aún artesanalmente en casa de Rosalía y Jesús, en un horno de leña de unos 104 años de antigüedad.

Desde el ayuntamiento de Ojós seguimos por la carretera que cruza el pueblo en dirección a Blanca pasando por la iglesia de San Agustín (“El Africano”) y, antes de salir del pueblo, por una calle que sale a la izquierda, subimos hasta enlazar con un camino de tierra que, pasando bajo dos algarrobos, nos saca de Ojós a la carretera que sube a Ricote, frente al cementerio. Si no nos apetece pasear por la carretera podemos bajar en el cruce a la izquierda unos 100 metros para coger a la derecha un camino de tierra que sigue los postes del teléfono hasta salir a la carretera, junto al cementerio de Ricote, con una canaleta de agua en la parte izquierda.

Pasamos junto a una olivera centenaria que tiene fama de ser el árbol más viejo de la región, aunque está bastante acosado por el asfalto de la carretera.

La iglesia de Ricote se ve al fondo, interceptada su vista por los artificiales tubos del canal del trasvase que cortan el paisaje. Entramos en el pueblo, dejando a la izquierda el cruce en dirección a Cieza y Mula (rutas 9, 10 y 11) para entrar en la plaza de Santiago. Esta villa, que da nombre al Valle, está sobre una alta y fértil huerta, rodeada de montes. Su aislamiento natural ha hecho que ella acogiera a los últimos árabes que habitaron la región antes del siglo XVII. Aunque primeramente fue poblada por iberos, fenicios y romanos, es a partir de la dominación musulmana, en el año 826, cuando Ricote se convierte en una fortaleza importante. Según las crónicas, tras sus muros vivió una comunidad de místicos, filósofos, pensadores y sabios (ulemas). Por ello no podemos dejar de visitar sus calles moriscas, la casa de Álvarez-Castellanos y la iglesia de San Sebastián, lugar donde se conservan las tallas en madera del Altar Mayor construidas por Molina Cano en 1910, donde sobresalía el Corazón de Jesús rodeado de esplendorosos rayos y desaparecido en 1934. El vino de Ricote y los platos fuertes son muy populares entre los visitantes.

Desde la plaza de Santiago cogemos la calle que, obligatoriamente, pasa por un vertedero y escombrera; iremos a paso ligero por este tramo, sin bajar por el camino que indica la prohibición de paso, sino que, junto a la valla, encontraremos una senda-pista que, tras cruzar una rambla, rodea el alto de la Umbría y nos muestra una magnífica vista sobre el valle, con el río, Ojós y las verticales paredes del Chinte.
Al pasar por un collado, a 365 metros de altitud, donde la ventanica de Ojós queda sobre nosotros, la vista dobla por la umbría a la izquierda, apareciendo de repente el embalse, Blanca y el Solán.

Bajamos cómodamente esta pista bien conservada, hasta una explanada en la que, a la izquierda, sube un camino que devuelve al cruce con el albergue de La Calera (ruta 9). En esta explanada seguimos recto, bajando por una senda delimitada con piedras a los lados, hasta aparecer ante una huerta, sobre el barranco del Pantano, que nos saca a la carretera.

Debemos seguir por la carretera a Blanca caminando un kilómetro hasta el alto del Palomo; un poco antes tomaremos un atajo, bajando por un camino de tierra y cruzando por un puente al barranco del Zapato, para salir así junto a la finca de Don Carlos, donde un escudo preside la puerta de entrada.

En el alto del Palomo, frente al puente, cogemos unas escaleras a la derecha, que nos llevan al cruce de Abarán, en el Barrio de Runes y, sin entrar en Blanca, pasamos bajo el puente de hierro. Vamos junto al río por el paseo desde donde se contempla la Peña Negra y el castillo.

A los 800 metros pasamos por el barrio de Los Tollos, dejando la carretera asfaltada para bajarnos a la derecha por un carril cementado que cruza la rambla de la Tejera y se adentra en la huerta a través de una senda paralela al río. La senda continúa empedrada hasta salir a un camino más ancho que pasa junto a la casa de Darrax, con un gran pino centenario en su puerta.
Seguimos el camino recto, sin coger los carriles que a izquierda y derecha están cortados con cadenas. Pasamos así entre chopos y un cerrado tramo de cipreses y, al alcanzar unas casas aisladas, el camino pasa bajo el Cabezo de la Corona (256 metros). Vemos enfrente la sierra de la Carraila, con un dado de roca característica en su cima.

Un camino asfaltado baja entre huertos para volver a subir a un alto de 175 metros desde donde se contempla Abarán. Aquí dejamos la carretera asfaltada para irnos a la derecha por un camino de tierra, siguiendo una tubería de agua, hacia un casón abandonado. Este camino rodea el soto de Damián y, junto a dos grandes pinos aislados, dejamos el camino para bajar por una senda a la derecha, que pasa sobre la central eléctrica del Jarral.

Tras pasar junto a varias casas, y en un antiguo casón abandonado, bajamos en zigzag hasta cruzar el canal de Nicolás, en el huerto del Soto. Tras seguir un trecho el canal en dirección a Abarán, doblamos a la derecha en el primer cruce, pasando sobre el Segura en un puente que sale a la Cuesta del Molino y a la avenida Río Segura de Abarán.

Por esta avenida, a la izquierda, se baja al puente y al parque de Abarán, conocido por nosotros de anteriores excursiones.

Excursiones a pie, bicicleta y piragua
Autores: Ángel Ortiz Martínez · Lázaro Giménez Martínez
Nº de páginas: 152
Nº de rutas: 17
Precio: 11,40

Cantidad:


Las Norias de Abarán




Punto de partida
Archena, a 104 metros de altitud.

Lugar de llegada
Abarán, a 198 metros de altitud.

Distancia aproximada
21 km.

Duración aproximada
7 horas, recomendamos hacerlo en dos etapas: Archena-Ricote; 13 km; 4 h · Ricote-Abarán; 8 km; 3 h.

Grado de dificultad
Media.

Cartografía
Mapa 912-II de Archena, 912-I de Ricote, 891-III, de Cieza; escala 1:25.000, del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Observaciones
Este Sendero de Pequeño Recorrido (P.R.) pasa por los siete municipios que forman el Valle de Ricote. Está señalizado con pintura blanca y amarilla (ver leyenda en apartado de simbología en la 1ª parte del libro) con los indicadores de madera en los cruces. No hace falta que llevemos mucho peso en la mochila, ya que podremos comer donde queramos, además de visitar sus monumentos más significativos. Es un camino para hacerlo pausadamente, contemplando la huerta y sus paisajes. Por eso recomendamos hacerlo en dos etapas: una desde Archena hasta Ricote y otra desde Ricote hasta Abarán.