Resumen

El itinerario propuesto discurre por el curso de estas dos grandes ramblas, La Parra y Balonga. En el período que abarca desde otoño hasta primavera, corre por ellas un pequeño caudal que da origen a bellos y sorprendentes rincones. La ruta nos conducirá por lugares apartados, hoy deshabitados, pero en los que antaño se residía durante todo el año. De estos tiempos tan sólo quedan haciendas y casas de labor, actualmente abandonadas o utilizadas esporádicamente: durante la excursión conoceremos algunas de ellas. Finalmente cruzaremos una parte del recóndito valle de Balonga, el cual conoció días mejores.

Comenzamos a caminar por una pista de tierra, cerca de la casa de Cantar El Gallo. Pronto descubrimos el incipiente caudal que corre por la rambla de La Parra, y que nos acompañará hasta separarnos de ella. Tras dejar a nuestra derecha un camino (por el que regresaremos de la excursión) inmediatamente llegamos a una bifurcación: el ramal de la izquierda es el final del barranco de La Artesica, cuya cabecera es objeto de otra ruta. Nosotros cogeremos el de la derecha, que nos irá elevando sobre un atractivo paisaje, en el que se funden lomas pobladas de pino con los característicos abarrancamientos.

En una nueva bifurcación, tomaremos la senda que desciende a través de unos bancales de cítricos hasta la rambla. Algo más adelante, la pinada se espesa y podemos encontrar un bello y oculto rincón en el que, cuando corre agua por la rambla, se forma una pequeña cascada. Al asomarnos, descubrimos que alrededor de este salto de agua se concita una gran cantidad de vegetación: destacan los magníficos ejemplares de taray; también crecen, junto a frondosos pinos carrascos, enormes lentiscos, adelfas y juncos. Es un buen lugar para detenernos unos instantes y recrearnos en él.
Con la rambla siempre a nuestra derecha, avanzamos cerca de ella entre cultivos de almendros y olivos. Pasando bajo un pequeño y tosco acueducto, la pista asciende hasta alcanzar una balsa de riego, que se halla presidida por un gran lentisco, en la que se almacena agua todo el año. Más arriba, la rambla se ensancha, formándose el paraje conocido como La Parra. Crecen allí, a modo de oasis, varias palmeras, rodeadas de cañaverales, granados y olmos. Tras este núcleo de vegetación se encuentra ubicada la casa de La Parra, asentada en un aterrazamiento desde el que se domina el pequeño valle.

Bordeando la casa, continuamos nuestra andadura por una zona de monte bajo. Dejando atrás una pista que queda a nuestra izquierda, llegamos a un punto en que el camino desaparece, al haber sido roturado el terreno. Atravesando el campo que queda a nuestra derecha y que ha sido señalizado por los autores con un hito de piedra, volvemos a incorporarnos a él, aproximándonos a una de las varias canteras que devastan estos parajes.
Evitando adentrarnos en ella, dejaremos a un lado los grandes montículos de grava y arena, cruzando al otro lado de la rambla, que por aquí discurre seca, en el punto más accesible que encontremos. El empinado camino, desdibujado e invadido de matorral, se dirige a una brecha artificial abierta en la montaña que deberemos atravesar. Desembocamos así en una zona de monte bien poblada de pinos. Al otro lado de la brecha nace un ramblizo, por cuya margen izquierda hemos de continuar nuestra andadura hasta retomar el camino.

Desde él avistamos el valle de Balonga, que se extiende en la cara sur de la sierra de Quibas, y las casas de Los Atienza, que forman un pintoresco rincón enclavado en la periferia del valle, muy próximo a Peña Zafra. Este grupo de casas está constituido por dos bloques de viviendas, separados entre sí por una estrecha calle, a la que se abren puertas y ventanas con alféizares de piedra y grandes postigos de madera que las cierran.

A unos pocos metros de estas construcciones hay una explanada, en la que sobresale un llamativo grupo de altos y enhiestos pinos. En ella hallamos lo que sin duda dio origen a este asentamiento: el agua, preciado tesoro en estos parajes, brota de forma continua en una cercana gruta, cerrada por una verja para evitar la entrada de jabalíes. El manantial de Los Atienza llena un abrevadero compuesto de dos pilas de diferente tamaño y una balsa de riego

Proseguimos por la Umbría del Morante, donde antaño la nieve se conservaba durante buena parte del invierno. Caminamos por una amplísima pista de tierra, de excelente firme, que a estas alturas de la excursión se agradece. Por ella descendemos fácilmente hasta la rambla de Balonga, cruzándola; durante el trayecto podemos observar algunos de los numerosos caseríos diseminados por el valle, así como unas buenas panorámicas del mismo. La pista se remonta sobre el margen izquierdo de la rambla, que discurre ahora a nuestros pies, encajada en un hondo


De esta forma, llegamos a un grupo de casas dispersas, llamadas de Los Rafaeles, frente a un gran peñón del que se han ido desprendiendo enormes rocas que han quedado esparcidas por la ladera. Antes de alcanzar la primera de las casas, en una cueva a nuestra izquierda, excavada en un talud de tierra, se hallan los restos de un antiguo lagar. A la altura de la segunda casa, dejamos la pista y nos desviamos por un camino a la derecha: éste nos conducirá directamente al punto de partida.

Autores: Manuel Moyano Ortega · Juan Antonio Moya Sáez
Nº de páginas: 96
Nº de rutas: 12
Precio: 9,00

Cantidad:


Rambla del Chorro-Carrizalejo




Partida y llegada
Cantar El Gallo, a 300 metros de altitud.

Recorrido aproximado
9 km.

Duración aproximada
4 horas.

Desnivel
210 m.

Nivel de esfuerzo físico
Medio.

Cartografía
Mapas 892-I, Barinas, y 892-III, Fortuna, escala 1:25.000, del Instituto Geográfico Nacional.

Localización
Las ramblas de La Parra y Balonga tienen su origen en las sierras de La Pila y de Quibas, respectivamente; atraviesan paralelamente el término municipal de Abanilla y desembocan en la margen derecha del río Chícamo, tras un recorrido de varios kilómetros. La casa de Cantar El Gallo, punto de referencia para el inicio de esta excursión, está situada en la carretera que va de Los Baños de Fortuna a Barinas, antes de llegar al cruce de Abanilla. De esta casa parte una pista de tierra cuyo primer tramo recorreremos en automóvil, hasta llegar a una bifurcación en que aparece un letrero que advierte sobre la peligrosidad de transitar por uno de los caminos: escogeremos el otro.